El origen de una tradición (que no entiende de modas)
Comenzó allá por comienzos de los años 90, no recuerdo si 1993.
Entonces no existía Halloween, ni disfraces, ni calabazas de plástico.
Solo una idea simple, de esas que nacen sin grandes planes:
un 31 de octubre cualquiera, un partido de casados contra solteros (con o sin novia), una comida, tardeo y hasta menos cuarto.
Así nació El Día del Colega.
Lo que en su momento fue solo un día, se convirtió con los años en una cita sagrada.
Un punto en el calendario que no se mueve.
Porque la vida cambia, pero las buenas tradiciones no se tocan.

De un día… a un fin de semana eterno
Hace unos ocho años, con motivo del 25 aniversario, decidimos dar un paso más.
El día se convirtió en fin de semana, y el lugar… empezó a viajar con nosotros.
Así fuimos sumando capítulos:
📍 Sevilla, Burgos, Logroño, Zaragoza, Gijón, Córdoba, Málaga y, este año, León.
Cada ciudad nos dejó una historia, una anécdota y una foto —real o grabada en la memoria—.
Y aunque los destinos cambian, hay algo que siempre se repite: las risas, las bromas, las canciones, las frases de siempre… y las ganas de volver.

Más de treinta años después, seguimos aquí
Treinta y tantos años. Trece amigos. Mil historias.
Cada uno con su vida, su familia, su trabajo, su ritmo.
Pero cuando llega ese fin de semana… todo se detiene.
Y es como si volviéramos a tener veinte.
Porque el Día del Colega no va de nostalgia, va de presencia.
De parar el reloj un rato para recordar por qué seguimos siendo los mismos, aunque el espejo diga otra cosa.
La frase de Miguelito
De vuelta de León, hablaba con Miguelito —uno de esos cracks que siempre deja frases para guardar— y me dijo:
“Tenemos más pasado que futuro.”
Lo soltó con una sonrisa, pero me hizo pensar.
Porque sí, puede que tenga razón.
Tenemos más pasado que futuro…
pero qué bendición haberlo vivido.
Cada viaje, cada reencuentro, cada foto y cada canción son parte de una historia compartida.
Y esa historia vale más que cualquier plan pendiente.

El Sr. Prieto y el viaje de la vida
En el tren, mientras hablaba con Miguelito, conocí al Sr. Prieto.
Un hombre amable, de esos que transmiten calma.
Me contó que lleva casi 30 años recorriendo el mismo trayecto, de Coruña a Barcelona.
Sonreía mientras hablaba.
Y pensé: este hombre también celebra su propio Día del Colega, solo que sobre raíles.
Su historia me recordó algo que a veces olvidamos:
que todos somos viajeros del tiempo, tratando de disfrutar el trayecto y no solo el destino.

Lo vivido también es presente
Puede que tengamos más pasado que futuro, pero mientras sigamos encontrando razones para juntarnos, reír y brindar, seguimos vivos.
Porque lo importante no es cuánto queda, sino cómo lo vivimos.
Mientras haya brindis, habrá vida 🍷
Porque los años pasan, las ciudades cambian y los cuerpos ya no corren igual…
pero las risas siguen sonando igual de fuerte.
Treinta años después, seguimos siendo los mismos —quizá más lentos, pero con la misma chispa—.
Y eso, en los tiempos que corren, es casi un milagro.
Así que brindemos —por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que venga—.
Porque mientras haya un motivo para juntarse,
mientras haya un amigo que llame, una historia que contar o una mesa donde reír…
la vida seguirá valiendo la pena.
Y si algún día dudas de eso, recuerda:
mientras haya brindis, habrá vida.

P.D. Lunes largo… y Juanma no para.
Ya nos manda esto para 2026.
¿No es normal, o sí? 😅



