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Diego Maquirriain

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Tabla de contenido

Tres generaciones, un mismo latido

Hay días que parecen normales… hasta que no lo son.
Ayer, sábado 22 de noviembre, fue uno de esos.

El abu no está pasando su mejor momento. Hospital, rehabilitación, incertidumbre, cansancio… lo que ya conté ayer. Pero también está pasando algo más: seguimos juntos. Seguimos compartiendo vida. Aunque sea así, aunque duela, aunque cueste.

Y por la tarde tocaba ver el partido.
No importa dónde estemos ni cómo estemos.
Eso no se negocia.

Montamos el portátil, colocamos su silla, ajustamos las mantas y empezamos a verlo. Y ahí estábamos los dos, como tantas veces, aunque ahora la vida nos haya movido de sitio.


El nieto, mientras tanto…

Mientras nosotros veíamos el partido desde una habitación blanca, Andoni lo vivía desde la grada, rodeado de su gente, vibrando como solo se vibra cuando eres joven y todo se siente el doble.

Luego vi una imagen y me fijé en un detalle que me hizo sonreír:
entre toda aquella marea oscura de cazadoras, él era el único que llevaba un polo con las letras rojas, ese toque suyo tan personal.
Único. Diferente. Con carácter.
Como tiene que ser.

Y pensé:
“Ya está. Ya lo tiene dentro.”
Porque esto no se enseña.
Se hereda sin querer.


La vida entre generaciones

Ayer éramos tres generaciones unidas por lo mismo.

Uno luchando desde una silla.
Otro sosteniéndole desde un lado.
Y otro dejándose la voz en la grada.

Cada uno en un lugar distinto.
Cada uno con una vida distinta.
Pero los tres conectados por algo que nos ha acompañado siempre.

A mí me removió por dentro.
Porque me vi a mí mismo de pequeño, agarrado de la mano del abu, entrando al estadio.
Me vi saltando, gritando goles, volviendo afónico a casa.
Y ahora veo a mi hijo haciendo lo mismo.

La vida pasa, claro que pasa.
Pero hay cosas que no cambian.
Y menos mal.


Una foto que lo resume todo

Esta foto no es bonita.
Es verdadera.

Es un “aquí seguimos”.
Es un “no te suelto”.
Es un “todavía tenemos cosas que vivir”.

Y sí, cuesta. Porque cuando la rehabilitación no avanza, cuando el cuerpo no acompaña, cuando hay que asumir lo que viene… duele. Mucho.

Pero incluso en días así, hay espacio para lo importante: estar.

Porque a veces eso es todo lo que se puede hacer.
Y es suficiente.


Y para rematar… la guinda del día

Hoy, ya más tranquilo, a la vuelta del Boscos y justo después de ver a Maialen —que por cierto, vaya golazo ha metido— he parado a tomar un café.

Y he comprado los décimos en el Ardoi.
Ese sitio donde el abu y yo cenábamos mil veces.
Donde nos tomábamos el vermú.
Donde vivíamos momentos eternos con Miguelito y donde la cuadri siempre tuvo su rincón.

Ahora está todo más complicado y esos ratos se echan de menos.
Pero volverán. Seguro.

He cogido la lotería como siempre, con esa frase que ya sabéis:
“Si no toca dinero, que toque gol.”

Lo importante no es que salga premiada.
Lo importante es que sigamos pudiendo comprar muchas más.
Y que un día, como los que estaban hoy y me han preguntado por el abu, volvamos al Ardoi juntos.

Ese día sí que tocará todo.


Al final, solo queda lo importante

La vida no es perfecta.
A veces aprieta, otras te rompe y otras te recuerda, sin avisar, lo que de verdad importa.

Ayer no fue solo un partido.

Fue un abu en una habitación luchando como siempre.
Fue un hijo a su lado, intentando sostener.
Fue un nieto en la grada, dejándose la garganta.

Tres lugares distintos.
Tres momentos distintos.
Un mismo latido.

Y ahí entendí algo que ojalá no se me olvide:
que lo que permanece no son los resultados, ni los marcadores, ni los enfados, ni las prisas.
Lo que permanece es esto:
estar, acompañar, sentir, transmitir.

Lo que pasa de una generación a otra no es la afición.
Es la forma de vivir.
Es el corazón.

Y yo, después de todo, volviendo a casa con los décimos en el bolsillo y la cabeza llena de imágenes de ayer, pensé lo mismo que pienso ahora mientras escribo:

Qué suerte tengo.
De verdad. Qué suerte.

Sobre el autor

Diego Maquirriain

🚀 Transformar ideas en impacto real

No se trata solo de lo que haces, sino de cómo lo haces y por qué lo haces. A lo largo de mi trayectoria, he aprendido que el conocimiento no sirve de nada si no se comparte, que las mejores oportunidades nacen de las relaciones auténticas y que el éxito no es solo un destino, sino la huella que dejas en los demás.

Durante más de 20 años he trabajado en liderazgo, estrategia y gestión de proyectos en sectores tan diversos como el marketing, las ventas, la innovación y el desarrollo social. Desde la creación y dirección de la Fundación Osasuna, donde aprendí el valor de las alianzas estratégicas al gestionar más de 500 patrocinadores, hasta la dirección de proyectos en Nicaragua, donde lideré iniciativas que generaron un impacto social tangible.

Mi paso por el mundo corporativo, en compañías como TICNA y Q+D, me ha permitido desarrollar estrategias avanzadas en marketing digital, ventas e inteligencia artificial, logrando resultados medibles y transformaciones reales en negocios y organizaciones.

¿Por qué este blog?

Porque creo en el poder de compartir experiencias y aprendizajes. Si hay algo que pueda ayudar a alguien, entonces este espacio habrá cumplido su propósito. Aquí no se trata de vender nada, sino de aportar valor, de inspirar, de conectar.

Si algo he aprendido en todos estos años, es que la diferencia entre la gente «top» y la gente «del montón» no es el talento, sino la actitud. Y si algo puedo hacer por los demás, es compartir herramientas, ideas y reflexiones que sirvan para tomar mejores decisiones, superar desafíos y, sobre todo, disfrutar más del camino.

💡 No esperes a estar listo para empezar. Empieza y estarás listo.
🔥 Hazlo con pasión, o no lo hagas.
💪 Porque la única meta real no es ganar, es darlo todo hasta el final.

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