Todo empezó con un mensaje
Hoy domingo, de esos tranquilos y sin prisas, sin fútbol ni Boscos, con la cuadrilla de Andoni desperdigada por casa después de las fiestas de Zizur… me he acordado de algo que llevaba días rondándome la cabeza.
Arantxa me mandó hace poco un mensaje, un simple estado de WhatsApp con una frase que, sin quererlo, me tocó dentro. No por la frase en sí, sino por lo que me recordó. Era la mía, la que tengo en este blog al final de la biografía. sorprendido me dejó.

Porque a veces necesitamos que alguien te diga algo que ya sabías, pero que habías dejado en un cajón.
Y justo hoy, día de San Andrés, el patrón de Zizur… el día en el que mi abu (el padre de mi padre) cumpliría años. Y cómo no, el abu —el de ahora— se ha acordado. Con esa memoria prodigiosa que ojalá hubiera heredado.
Y con todo eso en la cabeza, más el runrún de la frase de Arantxa, he salido a correr.
No era una carrera: era una decisión
Hacía mucho que no hacía mi recorrido de siempre: Zizur – Pamplona – Universidad – Camino de Santiago – Zizur Menor – Zizur Mayor – urbanización – y vuelta al pueblo.
Años haciéndolo. Cuántas veces me ha ordenado la cabeza ese camino.
Pero entre lesiones, el tendón de Aquiles que ya protesta, partidos, trabajo, responsabilidades y ese ritmo loco que llevamos… lo había dejado.
Y hoy, sinceramente, tenía todas las excusas del mundo para no salir.
Pero me vino la frase.
Y dije: “Llegar hasta el final. Aunque cueste. Aunque haga tiempo. Aunque no sea tu mejor día.”
Y lo hice.
Kilómetro a kilómetro, paso a paso, como tantas veces antes. No era cuestión de velocidad, ni de tiempos, ni de compararme con nadie. Era cuestión de cumplir. De demostrarme que todavía puedo, que querer también es avanzar.
Este camino siempre me ha dado para pensar. He pasado por el Tremendo, donde hace nada escribí aquel post sobre comer con el abu y encontrarnos a Ángel.
Hoy he pasado por el mismo sitio… y cuánto ha cambiado todo en tan poco tiempo.

Y en el puente de Zizur, imposible no acordarme del accidente de hace unas semanas. Ese lugar donde, por minutos, la vida también de nuevo, me pudo cambiar entera. Y aquí sigo. Y aquí estamos.

Todo eso, junto, en un solo recorrido.
Correr es lo de menos: la vida es lo que cuenta
Cuando he terminado los 10 km, me ha salido un “toma ya” casi en voz alta. No por el tiempo. No por la distancia. Sino porque he llegado hasta el final.
Y ahí es donde sale mi parte de coach, la que me formé hace años, la que me ha ayudado tanto, la que me recuerda siempre lo mismo:
Que los objetivos no se cumplen por inspiración, se cumplen por decisión.
Que no puedes compararte con nadie.
Que si quieres llegar, tienes que ir.
Y que lo más importante rara vez es la meta… es lo que te pasa por dentro mientras la buscas.
Hoy no he corrido para entrenar.
He corrido para recordar quién soy.
Y para agradecer que sigo aquí, con todo lo que esta vida me está poniendo delante estos meses.
Porque cada vez lo tengo más claro:
la vida es actitud, es intención, es estar…
y es no rendirse cuando algo en ti dice que todavía puedes.

Porque mientras corría, entre el frío, las cuestas y esa voz interior que te pide parar, he vuelto a reconocerme. Ese chip mío que no se apaga: voy cazando oportunidades. Tres furgonetas, tres ideas, tres posibles llamadas para mañana. Me gusta ser así. Me recuerda quién soy.
Y ahí es donde me ha entrado la sonrisa por dentro: estaba corriendo por la frase… y la frase me estaba corriendo por dentro a mí.
Arantxa me la mandó hace días. Yo mismo la digo mucho. Y hoy me tocaba aplicármela: si dices que vas a llegar, llegas. Da igual el ritmo, el desgaste o las excusas: el tendón, la lesión, el cansancio. Lo de siempre.
He dicho vamos.
Y he llegado.
Y en casa, con las piernas cargadas pero la cabeza en paz, me he dado cuenta de algo que no quiero olvidar: la vida funciona igual que este camino. Siempre habrá días que pesan y motivos para parar. Pero también tendrás eso otro que te empuja: una frase, una intuición, una chispa, una foto que haces porque algo dentro te dice “llama mañana”.
Y por eso lo cierro así, sin adornos:
Lo importante no es correr.
Lo importante es no irte antes de tiempo.
Es llegar hasta el final de lo que empiezas.
Aunque cueste. Aunque duela. Aunque tardes más.
Porque ahí, justo ahí, es donde está todo lo que merece la pena.



