Hoy comemos en casa

A veces la vida te obliga a parar para recordarte dónde está lo importante.
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Diego Maquirriain

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Esta semana he estado fuera.

Tres días intensos en Barcelona. Trabajo, reuniones, novedades, mucha cabeza y poco sofá. Días de esos en los que comes donde puedes, hablas mucho, escuchas más y vuelves a casa con la sensación de que han pasado dos semanas en tres días.

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Además, justo en la misma localidad donde esta semana ha ocurrido ese segundo fatal accidente ferroviario que también nos ha dejado a todos tocados. Estás allí, sigues con tu rutina, pero hay algo que te acompaña todo el día: esa sensación rara de lo frágil que es todo.

La empresa, impresionante. Cada día innovando, conociendo cosas nuevas. Tanto, que hoy uno del equipo decía medio en serio medio en broma que cualquier día pone un suelo como el de la calle Estafeta en su bajera. Tal cual. Que ya solo faltaba eso. Y con esta gente, no descartes nada.

Cuando estás así, no piensas en comer en casa.
Piensas en llegar. En dormir. En seguir.

Y llega el domingo.

Boscos. Copa. Almuerzo. Partido.

Un domingo normal, bueno, mejor dicho, nolmal.

José Mari lo puso en el grupo: la copa mola.
Y sí, mola. Pero caer 1–0 contra el tercero de Primera de Boscos, contra un equipo que juega como si fuera un futbolín, también tiene su parte buena: quedamos eliminados y el fin de semana que teníamos organizado sigue en pie.

A veces perder también ordena la agenda.

Y menos mal que no hubo penaltis.

Porque yo ya estaba nervioso, Faco me lo recordaba, siempre tan atento.

Eso pasa cuando fallas uno en una final de Copa hace mil años. Hay recuerdos que no se van, aunque los tapes de risas.

Después vino lo de siempre.

El comando Campari.

Las conversaciones largas.
Las bromas.
Las fotos.

Jero celebrando sus 65 con Zulema, trayendo postre y regalándonos uno de esos momentos tranquilos que no salen en las crónicas pero se quedan dentro. Nuestro capi. De los de verdad.

Juan, del hierro, celebrando también su cumple, incombustible. Mazinger, otra vez MVP, no hace más que salir en las entrevistas finales de los partidos. No cumple años, cumple en el campo. Sinceramente, yo no he bajado porque sabía que cada vez que tiraran las iba a parar, je, je.

José Mari sacando otro de sus carteles imposibles, esta vez dedicado a Jero. Alkate dando caña, lo del anillo, las pedradas finas. José Mari no hace carteles. Hace memoria.

Los juniors, que empezaron viniendo cuando llevaban pañal y ahora ya se sientan a la mesa como uno más.

La vieja gloria del otro equipo, sacando el córner dos metros más adelante, intentando engañar al árbitro y tirándose al suelo con casi 60, viviendo todavía de lo que fue. Nada nuevo. Nos veremos en San Fermín, a menos cuarto.

Esto también es Boscos.

Y entre todo eso, sin buscarlo, pasó algo.

Hoy comemos en casa.

Y eso es lo importante.

Porque los domingos de Boscos normalmente vas con el día lanzado. Almuerzo, risas, partido… y sigues.

Hoy no.

Hoy tocaba parar.

Volver a casa.

Poner la lavadora (ya era hora).

Sentarte.
Comer caliente.

Lavadora puesta. Casa en marcha. Y esa calma que no se compra.

Y hoy, además, con un nudo pequeño en el estómago. Esta semana, estando fuera, tan cerca del lugar del segundo accidente. Hoy guardando un minuto de silencio por tantas personas que no eligieron nada. Por gente que iba en tren. Por decisiones mínimas: cambiar de vagón, ir al baño, sentarte en otro sitio. Una lotería absurda. Así de frágil es todo.

Y ahí es cuando entiendes de verdad lo de llegar a casa.

De sentarte a la mesa, sea en casa o en La Bodega con el Boscos. De abrazar a los tuyos. De reírte con los amigos. De agradecer el momento.

Porque mañana no está garantizado.

Al final va de eso: de llegar, de estar, de agradecer.
De saber que pertenecer siempre es mejor que ganar.

Hoy comemos en casa.
Porque a veces la vida te obliga a parar para recordarte que lo importante no está en el marcador, sino en las personas con las que compartes el momento.

Boscos Tximitxurri Trakatrá

Sobre el autor

Diego Maquirriain

🚀 Transformar ideas en impacto real

No se trata solo de lo que haces, sino de cómo lo haces y por qué lo haces. A lo largo de mi trayectoria, he aprendido que el conocimiento no sirve de nada si no se comparte, que las mejores oportunidades nacen de las relaciones auténticas y que el éxito no es solo un destino, sino la huella que dejas en los demás.

Durante más de 20 años he trabajado en liderazgo, estrategia y gestión de proyectos en sectores tan diversos como el marketing, las ventas, la innovación y el desarrollo social. Desde la creación y dirección de la Fundación Osasuna, donde aprendí el valor de las alianzas estratégicas al gestionar más de 500 patrocinadores, hasta la dirección de proyectos en Nicaragua, donde lideré iniciativas que generaron un impacto social tangible.

Mi paso por el mundo corporativo, en compañías como TICNA y Q+D, me ha permitido desarrollar estrategias avanzadas en marketing digital, ventas e inteligencia artificial, logrando resultados medibles y transformaciones reales en negocios y organizaciones.

¿Por qué este blog?

Porque creo en el poder de compartir experiencias y aprendizajes. Si hay algo que pueda ayudar a alguien, entonces este espacio habrá cumplido su propósito. Aquí no se trata de vender nada, sino de aportar valor, de inspirar, de conectar.

Si algo he aprendido en todos estos años, es que la diferencia entre la gente «top» y la gente «del montón» no es el talento, sino la actitud. Y si algo puedo hacer por los demás, es compartir herramientas, ideas y reflexiones que sirvan para tomar mejores decisiones, superar desafíos y, sobre todo, disfrutar más del camino.

💡 No esperes a estar listo para empezar. Empieza y estarás listo.
🔥 Hazlo con pasión, o no lo hagas.
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