Hoy no es un lunes cualquiera.
Hoy es 16 de febrero.
Hay días en los que el calendario marca un número más… y otros en los que simplemente te recuerda todo lo vivido y todo lo que aún queda por delante.
Hoy ha amanecido gris, con lluvia, con ese cielo que parece no querer abrirse. Pero ya lo sabes: incluso cuando todo está cubierto, el sol sigue ahí. Siempre aparece. A veces fuera… y otras veces dentro.
Hoy no ha sido un día especial por lo que he hecho, sino por lo que he sentido. Mensajes que llegan desde lugares distintos, llamadas de esas que nunca fallan, personas con las que compartiste ayer, otras que llevan años estando sin hacer ruido… y alguna que, con una sonrisa generosa, me escribió esperando que “me cayeran bien los años”. Me hizo gracia. Me hizo pensar. Porque al final no se trata del número que diga el DNI, sino de la actitud con la que decides levantarte cada mañana.
Entre planes improvisados hubo risas, comida, partidas de bolos y algún duelo al billar. Momentos sencillos que, sin darte cuenta, se quedan grabados. Andoni disfrutando como un crack, ese tipo de escenas que te recuerdan que la vida también va de eso: de jugar, de compartir, de mirar alrededor y agradecer lo cotidiano.

Pero también hubo un instante que te baja a tierra. Ver al abuelo. Mirar a quien te dio la vida y entender que el tiempo pasa para todos. Ahí el ruido se apaga y todo cobra otra perspectiva. Porque celebrar también es eso: agradecer, cuidar, devolver un poco de todo lo recibido.
Hoy alguien me dijo algo que me gustó: que la vida nunca se sabe por dónde va a girar. Y es verdad. Hay días en los que te levantas sin esperar nada y aparecen mensajes, miradas o pequeños gestos que te recuerdan que todo puede cambiar en cualquier momento. Que hay personas que llegan sin hacer ruido y dejan huella. Que hay conexiones que nacen sin buscarlas, casi por casualidad, pero que te arrancan una sonrisa distinta.
Quizá por eso sigo creyendo en una idea muy simple: la diferencia no la marca el número de años, sino la forma de vivirlos. Hay quien se queda mirando atrás… y hay quien decide avanzar con ganas, con curiosidad, con energía. Del 4 al 5 y del 5 al 4, según cómo mires la vida.
Hoy también hubo un guiño bonito en un estado de WhatsApp. Una foto sencilla, una frase cariñosa, un detalle que demuestra que a veces las palabras vuelven de maneras inesperadas. Esos pequeños reflejos que te hacen sentir que escribir, compartir y vivir con verdad siempre acaba encontrando su sitio.
Porque al final la vida va de esto:
de personas que aparecen,
de momentos que se quedan,
de aprendizajes que te moldean,
y de seguir caminando aunque el cielo esté gris.
Hoy sumo años, sí.
Pero sobre todo sumo historias, experiencias, abrazos, conversaciones y ganas de seguir descubriendo lo que viene.
Gracias a quienes habéis estado hoy.
A quienes estáis siempre.
Y también a quienes aparecéis justo cuando toca.
Seguimos caminando.
Seguimos creciendo.
Y aunque a veces el cielo se cierre… ya sabes que el sol siempre vuelve a aparecer.



