Pajaritos por aquí… pajaritos por allá…
¿Quién no ha cantado eso alguna vez?
¿Quién no ha crecido escuchando a María Jesús y su acordeón, en la tele, en Benidorm, en mil sitios…?
Pues hace solo dos días, sin esperarlo, volvió.
Hoy domingo, 22 de marzo, te quiero contar algo que me pasó el viernes.
Estuve en la residencia con mi padre.
Un día más, o eso pensaba.
Y de repente… aparece ella.
María Jesús.
La del acordeón.
La de toda la vida.
La misma que hace años veíamos en Benidorm, con la familia, en momentos que no sabías que se te iban a quedar para siempre.
Y ahí estaba otra vez.
Pero en otro escenario.
Con otra vida alrededor.
Con otros años encima.
Y con la misma energía.
Empezó con su acordeón…
y claro, no podía faltar: los pajaritos.
Y de repente, la residencia entera cambió.
Las trabajadoras bailando con ella, la gente levantando las manos, sonriendo, cantando…
un ambiente que no se puede explicar si no lo ves.

Y yo miraba al abuelo…
y pensaba en todo.
En Benidorm.
En aquellos años.
En lo que fuimos.
Y en lo que seguimos siendo.
Porque la vida da muchas vueltas, sí.
Pero hay personas que no cambian.
Ella sigue igual.
Con una vitalidad que ya quisieran muchos.
Con esa manera de acercarse, de abrazar, de quedarse hasta el final haciéndose fotos con todos.

Con ganas de dar.
De hacer sentir bien.
Y eso… hoy en día… vale muchísimo.
Y en medio de todo eso… pasó algo que me dejó tocado.
Mientras hacía fotos con el abuelo y con la familia, un señor que vive allí se me acercó.
No lo conocía de nada.
Y me dijo:
“¿Me puedes hacer una foto?”
Claro que sí.
Se la hice.

Sin más.
Pero hoy, cuando he vuelto,
me ha visto entrar.
Y ha venido hacia mí.
Despacio.
Con esa prisa que solo tienen ellos.
Y me dice:
“¿Tienes la foto?”
Se la enseño.
Y no dice nada.
Se gira…
y empieza a enseñársela a todo el comedor.
Con orgullo.
Como si fuera algo grande.
Y ahí lo entiendes todo.
Que no era una foto.
Que era mucho más.
A veces buscamos grandes momentos.
Grandes planes.
Grandes historias.
Y la vida te pone delante algo así.
Sin avisar.
Sin ruido.
Sin épica.
Pero con verdad.
Y te lo deja claro.
Esto.
Esto es lo importante.
Sentir.
Compartir.
Porque al final, de eso va todo.
Y lo que viví ayer allí…
no tiene precio.
Pajaritos por aquí… pajaritos por allá…
y ojalá nunca dejemos de verlos.



