Lo que nos une no es el tiempo, es estar cuando hace falta

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Diego Maquirriain

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Llevaba tiempo sin escribir. No por falta de cosas que contar, sino porque cuando la vida aprieta de verdad, el cuerpo no da ni para eso. Pero hoy, no sé cómo, he sacado un rato. Un rato de esos que te nacen, que no se buscan ni se planean. Un rato que te obliga a parar y escribir. No va de postureo, no va de nada bonito, no hay showroom, ni reuniones, ni frases con gancho. Solo esto. Lo que siento. Lo que vivo. Lo que quizá, si tú lo lees, también te llegue.

Han sido meses duros. Muy duros. El abu tropieza, se apaga, sufre. Y no hay tregua. Y no hay consuelo. Pero ahí estamos. Cada día. Sin aplausos. Sin horarios. Sin héroes. Solo nosotros. Patri, Nuria, yo. Y sobre todo él, aguantando como puede. Como quiere. Como sabe. Porque no se trata de devolver lo que hicieron por ti, que sería imposible, sino de estar a la altura. Al menos intentarlo.

Esta noche fue otra de esas. Otro susto. Otro tropiezo, nunca mejor dicho. Urgencias. Ambulancia. Pruebas. Espera. Más pruebas. Y mientras tanto yo… yo observo. Me gusta observar. Me ayuda. Me recoloca. Me sacude. Vi a una familia rota, esperando si su ser querido reaccionaba. Vi a un hombre escoltado por dos policías, desatado, gritando como si el alma se le rompiera por dentro. Vi a sanitarios correr. A enfermeras contener lágrimas. Y vi a una enfermera, de madrugada, sacando a un paciente de la ambulancia, con una sonrisa. Le pregunté cómo lo llevaba y me contestó: “Ahora empieza la fiesta, es sábado noche… pero me gusta mi trabajo”. Y ahí me deshice. Porque mientras yo pensaba en dormir una hora para ir a jugar luego con Boscos, ella se preparaba para lo que viniera, sin quejarse, sin pedir nada. Solo con ganas de ayudar.

Y en ese momento pensé en tantas cosas. En que hay quien se queja porque no ha dormido bien, o porque el lunes pesa. Y otros lloran en un pasillo esperando noticias que no llegan. Pensé en lo que tenemos, y en lo poco que lo valoramos. Y pensé también en Josema. Porque hoy es su cumpleaños. Y porque hace nada perdió a su padre, Manolo. Fue rápido, fue duro, fue de esos golpes que no te avisan. Yo no estuve. Me pilló fuera, enredado en temas de trabajo. Pero me acuerdo de él. De ellos. De mi padre, que también lo sintió. Y de lo que hablamos hoy: lo que nos une es esto. Acompañar hasta el final. No huir. Estar. Porque eso es lo que nos hace humanos. Eso es lo que queda.

Por eso hoy, que no tenía foto, pongo esta. La de Es Vedrà, Ibiza. Porque no va de enseñar. Va de sentir. No va de contar que fui al hospital y volví. Va de decir que cada vez que pasas por ahí, algo dentro se te remueve. Que la vida es esto: tropiezos, aprendizajes, abrazos, silencios. Y que cuando alguien te dice “me gusta mi trabajo” con un brillo en los ojos mientras el caos explota a su alrededor, tú solo puedes volver a casa, arropando al abu, y darte cuenta de que, aunque duela, estás donde tienes que estar.

Y que escribir esto, hoy, es mi forma de no olvidarlo. De quedármelo para siempre. De que, si alguien llega hasta aquí, también se lo lleve. Como una botella lanzada al mar, con un mensaje claro:

Valora. Siente. Acompaña. Vive.

Y a ti, Josema… feliz cumpleaños. Sé que no está. Pero estamos nosotros. Y eso, en días como hoy, es lo único que importa.

Sobre el autor

Diego Maquirriain

🚀 Transformar ideas en impacto real

No se trata solo de lo que haces, sino de cómo lo haces y por qué lo haces. A lo largo de mi trayectoria, he aprendido que el conocimiento no sirve de nada si no se comparte, que las mejores oportunidades nacen de las relaciones auténticas y que el éxito no es solo un destino, sino la huella que dejas en los demás.

Durante más de 20 años he trabajado en liderazgo, estrategia y gestión de proyectos en sectores tan diversos como el marketing, las ventas, la innovación y el desarrollo social. Desde la creación y dirección de la Fundación Osasuna, donde aprendí el valor de las alianzas estratégicas al gestionar más de 500 patrocinadores, hasta la dirección de proyectos en Nicaragua, donde lideré iniciativas que generaron un impacto social tangible.

Mi paso por el mundo corporativo, en compañías como TICNA y Q+D, me ha permitido desarrollar estrategias avanzadas en marketing digital, ventas e inteligencia artificial, logrando resultados medibles y transformaciones reales en negocios y organizaciones.

¿Por qué este blog?

Porque creo en el poder de compartir experiencias y aprendizajes. Si hay algo que pueda ayudar a alguien, entonces este espacio habrá cumplido su propósito. Aquí no se trata de vender nada, sino de aportar valor, de inspirar, de conectar.

Si algo he aprendido en todos estos años, es que la diferencia entre la gente «top» y la gente «del montón» no es el talento, sino la actitud. Y si algo puedo hacer por los demás, es compartir herramientas, ideas y reflexiones que sirvan para tomar mejores decisiones, superar desafíos y, sobre todo, disfrutar más del camino.

💡 No esperes a estar listo para empezar. Empieza y estarás listo.
🔥 Hazlo con pasión, o no lo hagas.
💪 Porque la única meta real no es ganar, es darlo todo hasta el final.

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