Pues sí.
Porque hay planes que no se piensan demasiado.
Se sienten.
Y esta semana, con el estreno de Torrente, me vino una idea a la cabeza:
“Esto no lo podemos dejar pasar.”
Abrí un grupo de WhatsApp.
Sin darle muchas vueltas.
“¿Quién se viene?”
Y lo de siempre.
Planazo.
Voy.
Cuenta conmigo.
Mikel, Dani y Jon.
Mis sobrinos.
Las pelis las vimos hace años de vacaciones. Vaya recuerdos.
Torrente, risas y hacer el tonto sin ningún tipo de filtro.
También alguna llamada que otra, a Joaquín, alquilando balcones, qué recuerdos.

Eran unos críos…
Y pasan los años…
y te das cuenta de que eso sigue.
Pero esta vez con algo más.
Andoni.
Mi hijo.
Metido en el grupo.
Flipando un poco.
Entrando sin saberlo en algo que viene de lejos.
Y casi sin darnos cuenta…
al día siguiente ya estábamos los cinco sentados en el cine.
Y empezó la película.
Y no paramos de reírnos.
Pero no solo por Torrente.

Por nosotros.
Por las miradas.
Por las frases.
Por todo lo que solo entendemos nosotros.
Y al salir… lo de siempre.
Risas.
Recuerdos.
Y esa sensación de que el tiempo pasa… pero hay cosas que no cambian.
Y ahí es donde está todo.
Que no va de la película.
Va de la excusa.
De juntarte.
De no perderlo.
De seguir estando.
Tíos.
Sobrinos.
Hijo.
Todo mezclado.
Todo en el mismo sitio.
Y eso…
eso es lo bueno.
Así que nada.
Que dentro de unos años, cuando salga otra…
no sé ni cómo estaremos ni dónde.
Pero ojalá estemos.
Igual.
Riéndonos.
Juntos.
Porque al final…
de eso va todo.



