O cómo perder 1–9 y salir ganando mucho más.
Hacía tiempo que no escribía del Boscos.
Ni jugaba.
Pero este fin de semana volví (el anterior no cuenta).
Y lo que empezó como un “voy a echar una mano” acabó siendo… una mano, dos piernas y un 1–9 en contra.
Sí, sí: 1–9.
No es una errata.
En el almuerzo lo hemos intentado analizar, pero no hay una explicación lógica.
Quizá el nuevo lateral derecho (yo) tenga algo que ver.
Soy zurdo. Siempre he jugado arriba. Pero alguien tenía que sacrificarse.
Así que ahí estuve, bajando y subiendo como pude. Más bajando, porque subir… lo que se dice subir…
Y entre risas, alguno decía:
— “Diego, igual así no te da tiempo a fallar arriba.”
Pues eso. Estrategia pura.
Y mientras tanto, José Mari, que hoy hacía de Lisci (total, el míster de Osasuna en versión Boscos), analizaba el partido con esa seriedad suya de siempre.
Conclusión: nos faltó fútbol, pero nos sobró vida.

El resultado engaña (un poco)
Lo cierto es que hacía mucho que no estábamos tan a gusto.
Porque perder, sí, perdimos. Pero ganamos algo que echábamos de menos:
esas sensaciones que solo te da el vestuario, las risas, el reencuentro.
Y, sobre todo, la visita de Nico.
Nico —o Van Gogh, como le llamamos— volvió hoy al Boscos.
Dejó el equipo hace un tiempo, por una lesión o por la vida, que a veces te hace parar.
Pero hoy regresó.
Y verlo otra vez entre nosotros fue como fichar a Vinicius, pero con alma de barrio.
Campeón de Copa Boscos, autor de aquel penalti mítico, jugador que se llevaba hasta los medios del rival si hacía falta.
Un tipo que llena el campo.
Y hoy ha devuelto su camiseta, firmada por todos.
Un gesto que vale más que mil victorias.
El pintor, el fontanero y el alma
Estos días leí un artículo sobre él en Navarra.com.
Contaba su historia: Nico, el último fontanero del Casco Viejo de Pamplona.
(Periodista, Patxi Cervantes, un crak, «gol gol gol gooo0000l de Osasuna)
Cien años de oficio familiar. Tres generaciones. Un taller diminuto donde todavía se arregla lo que otros dan por perdido.
Y pensé: claro. Si es que no podía ser otro.
Ese es nuestro Van Gogh.
El que arregla tuberías… y ánimos.
El que, cuando el equipo pierde, te sonríe y dice: “tranquilos, que esto se repara.”
Ana se lo ha dicho entre risas:
— “Van Gogh, no cambies nunca.”

Y es que no hace falta marcar goles cuando sabes pintar los domingos de amarillo.
El nuevo Van Gogh
Desde que está con Rebeca —su nueva compañera de viaje—, algo ha cambiado.
Y se nota que está feliz.
Entre su vida en el Anaita, su hija Claudia, su trabajo y esa sonrisa que no se le borra, sabemos que le llenan otras cosas.
Y es normal, no, nolmal.
Le echamos en falta, claro.
Porque Nico era (y es) de esos que dan vida al grupo, los que contagian energía, los que arreglan el grifo… o el ánimo.
Pero se lleva una camiseta firmada que no es solo tela: es historia, cariño y recuerdo.
Y sabemos que volverá.
Porque los fontaneros como él siempre encuentran la forma de volver a casa.

Y como siempre…
Al final del almuerzo, ya sabes lo que pasa.
Empiezan las fichas, los debates, las teorías imposibles.
Alkate dice que esto se va a deshacer, Arko no aparece ni para cobrar, y alguien pregunta si Txentxo sigue para salir con el Boscos.
Entre risas, alguien (Nico) bautiza la nueva religión: Ibramanía.
Sí, por Ibra, el fichaje nuevo, que hoy ha fallado una y ya tiene mote para toda la temporada.
Y entre todo ese ruido, entre bromas y café (mariconadas y camparis), te das cuenta de que Lacturale Boscos sigue siendo lo de siempre.
Un grupo de amigos que se junta para jugar, perder, reír y volver a hablar de lo mismo cada domingo.
Porque si te vas del almuerzo antes de tiempo…
ya sabes perfectamente de quién se va a hablar. 😄
Y como diría Nico, nuestro Van Gogh:
“Mientras haya ganas, humor y un poco de agua caliente…
el Boscos seguirá vivo.” 🚿⚽



