Este es nuestro Clásico

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Diego Maquirriain

Inspira, lidera y transforma con cada acción. 🚀 more

Este fin de semana se juega el Clásico.

Barcelona-Real Madrid. O Real Madrid-Barcelona. Qué más da.

Todo el mundo pendiente del partido, de las alineaciones, del árbitro y de quién se lleva los tres puntos.

Pues nosotros tenemos otro Clásico.

Y llevamos 35 años sin perdérnoslo.

El Día del Colega.

Trece amigos que empezamos celebrándolo un 31 de octubre, aprovechando que al día siguiente era festivo. Con los años hemos cambiado las cenas por escapadas de fin de semana, pero hay algo que no cambia: las ganas de juntarnos.

Y, por supuesto, elegimos el fin de semana del cambio de hora.

Que nos regalen una hora más de noche tiene su gracia. Aunque, a estas alturas, alguno seguramente la agradecería más para dormir, un tal Iñigo MVP.

Este año ha tocado Vigo. La ciudad de las luces, donde ya estaban montando su famoso árbol de Navidad.

Nosotros no necesitábamos que encendieran ninguna.

Entre comidas, brindis, kabirras, canciones, vaciles y carcajadas, hemos vuelto a disfrutar como cuando éramos unos críos. Bueno, con alguna cana más y bastante menos capacidad de recuperación.

Pero lo que hace especial este Clásico no son las comidas, los viajes ni las juergas.

Es todo lo que hay detrás.

Porque nuestra amistad empezó incluso antes de aquellas primeras celebraciones. Y en todos estos años hemos compartido de todo.

Bodas, nacimientos, celebraciones, viajes, aventuras que todavía recordamos y otras que mejor dejar donde están.

También separaciones, momentos complicados y despedidas de personas muy queridas. Padres, madres, familiares que ya no están y a los que seguimos echando de menos.

La vida nos ha cambiado a todos.

Y, sin embargo, cuando volvemos a juntarnos, seguimos siendo aquellos mismos colegas.

Con las mismas bromas, las mismas ganas de cantar, de vacilarnos y de reírnos hasta que nos duela la tripa.

Sin reproches. Sin pedir explicaciones. Sin importar si llevamos una semana o varios meses sin vernos.

Nos queremos. Así de sencillo.

Y eso, que parece tan fácil, tiene un valor enorme.

Porque no todo el mundo tiene la suerte de contar con personas con las que sentirse así. Con las que poder ser uno mismo, reírse de sus propias tonterías y olvidarse por un rato de los problemas.

Nosotros la tenemos. Y somos conscientes de ello.

Hace poco, en un almuerzo del Boscos,  escuché una reflexión que me gustó mucho: por encima de todo, están las personas.

Y pienso que qué fácil sería la vida si fuéramos capaces de aplicar un poquito de lo que vivimos en nuestro Clásico. Menos reproches, menos tonterías, más cariño y más ganas de disfrutar de quienes tenemos cerca.

Hoy hemos vuelto a casa.

Y el grupo de WhatsApp no para. Mensajes, fotos, bromas, agradecimientos… Parece que ninguno quiere que se termine el fin de semana.

Yo tampoco.

Pero lo bueno es que ya falta menos para el siguiente, donde digan las vacas sagradas.

No sabemos dónde estaremos mañana. Ni qué nos traerá la vida. Así que mejor seguir disfrutando de cada partido mientras podamos.

Y si algo tengo claro después de estos 35 años es que nuestro Clásico no necesita un marcador.

Solo trece colegas con ganas de seguir jugando juntos.

¡Viva el Clásico!

Sobre el autor

Diego Maquirriain

No soy gurú.
No vendo humo.
Solo pongo en palabras lo que vivo.

Si algo de esto te resuena, bienvenido.

Mi historia completa está arriba.

 

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