Hay días que no eliges, pero vuelven. Aparecen en el calendario sin pedir permiso y, aunque uno intente vivirlos con normalidad, tienen algo que pesa más de lo habitual.
Hoy, 1 de mayo, es uno de esos.
No porque falte un plan.
No porque no se pueda hacer nada.
Sino porque hay momentos que, sin darte cuenta, pertenecen a una etapa… y cuando esa etapa cambia, el día también lo hace.
Durante muchos años fue distinto. Con gente, con conversación, con esa rutina bonita que se crea sin darte cuenta y que un día deja de estar.
Y no pasa nada.
Porque hay cosas que no se rompen… solo cambian de sitio.
La vida no siempre va de mantenerlo todo igual, sino de entender cuándo algo ha cambiado y saber colocarlo en su sitio sin ruido, sin reproches y sin necesidad de explicarlo.
Hoy no hay mesa llena, ni ese fondo que antes estaba. Pero eso no significa que no haya nada.
Al contrario.
Hay historia.
Hay vivido.
Hay una forma de entender la vida que no desaparece, aunque cambie.
Porque cuando algo ha sido importante de verdad, no se pierde. Cambia de forma, cambia de lugar, pero sigue estando.
Y eso, con el tiempo, también se aprende a valorar.
Hoy faltan cosas.
Pero no falta lo que de verdad cuenta.
Y con eso… también se sigue.
A veces en silencio.
Pero se sigue.


