Que no entre el viejo

Picture of Diego Maquirriain

Diego Maquirriain

Inspira, lidera y transforma con cada acción. 🚀 more

Tabla de contenido

Ayer tuvimos la comida de final de temporada del Boscos. Dicho así parece una frase sencilla. Una comida más entre amigos. Iñigo un crack, como siempre. Un gorrín espectacular, una panchineta de las que hacen afición, unas cuantas botellas encima de la mesa y las mismas historias que llevamos años contándonos una y otra vez. Lo curioso es que siguen haciéndonos gracia.

Sin embargo, mientras volvía a casa me di cuenta de que había sido mucho más que una comida.

Porque a veces la vida te deja mensajes importantes cuando menos lo esperas. No llegan en forma de grandes discursos ni de libros de autoayuda. Llegan en una conversación cualquiera, alrededor de una mesa, mientras compartes unas horas con gente que lleva acompañándote media vida.

Y ayer uno de esos mensajes llegó de la mano de Iñaki Garralda.

En mitad de una conversación soltó una frase que se quedó conmigo durante todo el día: «Que no entre el viejo en tu vida».

Así, sin más.

Y cuanto más pensaba en ella, más sentido le encontraba.

Porque todos sabemos que los años pasan. Cada vez cuesta un poco más recuperarse después de un partido. Aparecen canas donde antes había pelo. Empiezan a sonar nombres de médicos que antes ni conocíamos. Y las conversaciones ya no son las mismas que cuando teníamos veinte años.

Pero creo que Iñaki no hablaba de eso.

Creo que hablaba de otra cosa.

Porque el viejo no entra cuando cumples años.

El viejo entra cuando pierdes la ilusión.

Cuando dejas de hacer planes.

Cuando empiezas a pensar que lo mejor ya ha pasado.

Cuando te resignas a que la vida sea siempre igual.

Cuando cambias las ganas por las excusas.

Cuando dejas de emocionarte.

Y mirando aquella mesa pensé precisamente lo contrario.

Vi amigos que siguen teniendo proyectos.

Vi gente que sigue reuniéndose después de tantos años porque le apetece hacerlo, no porque toque.

Vi conversaciones que mezclaban recuerdos de hace treinta años con planes para dentro de tres meses.

Vi risas sinceras.

Vi amistad de la buena.

Y vi algo que cada vez valoro más: la capacidad de alegrarse de verdad por las cosas buenas que les pasan a los demás.

Y durante la tarde llegó una noticia que nadie esperaba. Una de esas noticias que consiguen que de repente nos quedemos en silencio unos segundos antes de arrancar con los aplausos, las felicitaciones y las sonrisas. Incluso hubo quien se sorprendió de verdad, algo especialmente llamativo cuando hablamos de personas a las que normalmente no se les escapa absolutamente nada de lo que ocurre a su alrededor.

Y mientras veía aquella escena pensé que quizá esa era la mejor explicación posible de la frase de Garralda.

Seguir vivo no consiste únicamente en cumplir años.

Consiste en seguir sintiendo.

En seguir celebrando.

En seguir emocionándote.

En seguir teniendo ganas de compartir una mesa, una conversación o una buena noticia.

Vivimos demasiado pendientes de lo que hemos dejado atrás y muy poco pendientes de todo lo que todavía tenemos por delante. Y lo cierto es que ayer, observando aquella comida, no vi a un grupo de personas haciéndose mayores. Vi exactamente lo contrario. Vi personas que siguen disfrutando de los pequeños momentos, que siguen encontrando tiempo para reunirse, que siguen teniendo motivos para brindar y que siguen acumulando recuerdos cuando podrían limitarse a acumular años.

Quizá por eso me gustó tanto aquella frase.

Porque no habla de la edad.

Habla de la actitud.

Y en un momento de mi vida en el que también estoy cerrando etapas y abriendo otras nuevas, reconozco que me hizo pensar.

Me hizo pensar que todavía quedan muchas cosas por hacer, muchas personas por conocer, muchos lugares por descubrir y muchas historias por vivir. Me hizo pensar que el mejor momento para ilusionarse no fue hace veinte años ni será dentro de veinte. Es ahora.

Por eso hoy quería compartir esta reflexión.

Porque todos cumplimos años.

Todos cambiamos.

Todos dejamos cosas atrás.

Pero mientras conservemos la capacidad de ilusionarnos, de emocionarnos y de seguir mirando hacia delante con ganas, el viejo seguirá esperando fuera.

Y sinceramente, después de lo vivido ayer, creo que todavía va a tener que esperar bastante tiempo.

Sobre el autor

Diego Maquirriain

No soy gurú.
No vendo humo.
Solo pongo en palabras lo que vivo.

Si algo de esto te resuena, bienvenido.

Mi historia completa está arriba.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *