A la gente no les cuentes tus problemas, que les divierta su puta madre

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Diego Maquirriain

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Hace unos días me dijeron una frase que primero me hizo reír y después me dejó pensando bastante más de lo que esperaba.

La decía el padre de una persona muy cercana a mí. Seguramente la soltaba con toda la naturalidad del mundo, sin pretender dar ninguna lección a nadie ni imaginar que, años después, alguien acabaría escribiendo sobre ella.

«A la gente no les cuentes tus problemas, que les divierta su puta madre».

Es buenísima.

Porque todos tenemos problemas y todos necesitamos alguna vez sentarnos delante de alguien y contarle que las cosas no van bien. Pero con los años vas aprendiendo algo importante: no todo el mundo merece sentarse en esa mesa.

Hay gente que pregunta porque te quiere, gente que pregunta porque se preocupa y gente que simplemente quiere saber. Y distinguir unos de otros es una de esas cosas que la vida acaba enseñándote.

No se trata de callarse, ni de hacerse el fuerte. Se trata de saber elegir.

Porque quien te quiere de verdad no se entretiene con tus problemas. Los comparte contigo. Te escucha, te aguanta y, si hace falta, te ayuda a levantarte.

Los demás no necesitan saberlo todo.

Quizá deberíamos hablar mucho más de lo bueno. De nuestros amigos, de nuestros hijos, de una comida que se alarga, de una canción, de una tarde cualquiera con una buena Kabirra, de todas esas pequeñas cosas que al final resultan no ser tan pequeñas.

Y los problemas, cuando lleguen, compartirlos con los nuestros.

Con los pocos. Con los buenos.

Hoy entiendo un poco mejor aquella frase y también por qué quien me la contó la guarda con tanto cariño.

Porque hay frases que pertenecen a quien las dijo, pero con el tiempo acaban convirtiéndose también en una forma de recordarlo.

Quizá por eso la foto que acompaña estas palabras es Cullera. Un lugar lleno de veranos, recuerdos, familia y, sobre todo, de su padre.

No tuve la suerte de escucharle decirla, pero ayer, cuando me la contaron, me hizo reír y, sobre todo, me hizo pensar y reflexionar, me parece una de esas pequeñas herencias que no aparecen en ningún testamento y que, sin embargo, valen muchísimo.

Porque hay personas que, incluso cuando ya no están, siguen dejando cosas por el camino. Una forma de vivir, una manera de mirar la vida o simplemente una frase que alguien vuelve a repetir muchos años después y consigue que otro se pare a pensar.

Esta era la suya.

Y joder, cuánta razón tenía.

Tus problemas, cuéntaselos a quien te ayude a llevarlos.

Y al resto…

que les divierta su puta madre.

Sobre el autor

Diego Maquirriain

No soy gurú.
No vendo humo.
Solo pongo en palabras lo que vivo.

Si algo de esto te resuena, bienvenido.

Mi historia completa está arriba.

 

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